India: descubriendo la extraordinaria fuerza de la solidaridad femenina

India: descubriendo la extraordinaria fuerza de la solidaridad femenina

Establecer una cita ha sido difícil: ocupaciones, pocos días disponibles, traslados, pero sobre todo agua. Tantísima agua. El programa de pasar nuestros últimos días hindúes en Chennai, la capital del estado de Tamil Nadu, corre peligro. Las noticias de los periódicos y las informaciones que leemos en internet y que recibimos por e-mail nos desaniman. Entre el 15 y el 16 de noviembre, caen 92,2 cm de lluvia en 24 horas, haciendo precipitar la situación, ya muy crítica, a causa de las intensas lluvias que han caído en la ciudad desde finales de octubre. El nivel del lago Chembarambakkam se ha elevado 7 metros inundando las zonas aledañas y aumentando el regular régimen del río Adyar que desbordándose ha arrasado miles de viviendas construidas a lo largo de sus márgenes. Un balance dramático de más de 200 muertos y miles de personas evacuadas. La metrópoli de Chennai, en el sudeste de la India, tiene una población total de unos 8 millones, 4 millones sólo el centro urbano, de estos 4 millones el 30% vive en barracones. El agua ha destruido muchas viviendas en mal estado en las que estas personas vivían, se ha llevado la poca ropa que tenían y se han perdido los sencillos útiles y herramientas con las que se ganaban la vida. Este aluvión ha obligado a estos “náufragos del desarrollo” a caminar descalzos durante horas buscando un refugio, comida y agua. Una situación además agravada por una crisis sanitaria, con un aumento de la difusión de enfermedades como cólera, tifus y malaria.

Una verdadera situación de emergencia que ocupa en primera fila a las mujeres del Working Women Forum (WWF, Forum de las mujeres trabajadoras), con las que habíamos  establecido contacto después de haber leído sobre su trabajo y quedarnos impresionados. Ya desesperanzados respecto a un posible encuentro, recibimos con sorpresa un e-mail que nos invita a presentarnos en las oficinas del WWF el 19 de noviembre.

Tomamos el primer autobús en Puducherry (o Pondicherry) la tarde del 18. Aún llueve, pero suavemente, sobre los tejados de esta extraña ciudad influenciada por la cultura y arquitectura francesa. El agua entra por la ventanilla, nos apretamos en el asiento ya que falta el cristal y no podemos cerrarla. A lo largo del atardecer recorremos veloces la carretera hacia Chennai. Las luces de la noche se encienden poco a poco y se reflejan sobre el enorme espejo de agua estancada que vemos a nuestro alrededor. El autobús también se ilumina con luces de colores, el volumen ensordecedor del último éxito de Kollywood (1) y de las risas de los pasajeros que encuentran la película muy divertida. Después de 5 horas llegamos a la inundada estación de Chennai, nos ponemos nuestros impermeables y aplastados entre las mochilas nos montamos en un bee-coche que nos lleva al hostal en el lento y caótico tráfico de ciudad.

A la mañana siguiente, un ligero sol da un poco de tregua a los pesados días anteriores de lluvia. Puntuales llegamos a la cita, sin saber lo que nos estaba esperando. Nunca habríamos podido imaginar una acogida tan atenta, amable, premurosa, cuidada hasta el mínimo detalle y para nada construida y forzada. Con calor y espontaneidad, la sonriente Nandini nos entrega dos rosas rojas nada más entrar en las oficinas del WWF.  Nandini, una mujer de unos treinta años, asistente de la directora de la organización, nos acompaña por las diferentes estancias, mostrándonos las oficinas del instituto de crédito de la organización y de la unión de las mujeres trabajadoras, las aulas de los cursos de formación y los diferentes departamentos en los que está estructurado el WWF. Nos sentamos junto a un grupo de mujeres para asistir a una lección sobre la autoproducción de jabón: no sólo listas de los ingredientes que hay que mezclar sino también algunas pinceladas de reflexiones sobre gestión de la casa, cuidado de los hijos, gestos y comportamientos dictados por supersticiones que a menudo degradan el papel de la mujer. Pavarthy, la responsable del curso, facilita la discusión con energía y entusiasmo. Tenemos la ocasión de intercambiar algunas palabras con las mujeres presentes  en la formación que nos hablan de su trabajo, sus hijos y de sus pequeñas dificultades cotidianas y de las más grandes y dramáticas que la vida les ha puesto delante. La mayor parte de estas mujeres vive en los barracones de Chennai y pertenece a la casta de los Dalit (2). Algunas son sastras, otras confeccionan incienso o bidis (cigarrillos hindúes), otras recogen trapos y los venden, otras se dedican a la venta ambulante. Nos explican cómo con los años han conseguido encontrar dignidad en su trabajo, trabajos humildes que no por eso no deban ser respetados, por ellas mismas y también por quien se beneficia de estos servicios. Formación, microcrédito pero también la confianza en sí mismas, el respeto y la dignidad son factores que han permitido a las mujeres que hemos conocido dar un importante primer paso en su camino de esperanza. Concretamente, significa que un grupo de sastras han podido abrir una pequeña tienda donde venden la ropa que ellas confeccionan y que las vendedoras ambulantes puedan entender mejor las exigencias del mercado y aumentar la venta de sus productos. Mucha determinación y alguna lágrima en sus palabras.

Junto a algunas de ellas, beneficiarias de los programas de microcrédito, vamos a las sucursales del Banco del WWF porque hoy es el día en que los grupos reciben el préstamo. Lo celebramos bebiendo una dulcísima taza de chai (té). Con ellas nos sentimos en casa. Nuestros corazones están aturdidos de tanta energía y hospitalidad.

Seguimos nuestro itinerario porque nos espera en su despacho Jaya Arunachalam, presidenta y fundadora del WWF. Detrás de su dulce mirada, una larga historia de lucha con y por las mujeres, al lado de las que viven en la calle, solas y que desempeñan los trabajos más dispares. Una mujer adelantada a su tiempo, que ha roto convenciones que consideraba injustas, que se ha casado con un hombre perteneciente a una casta inferior a la suya. Jaya es miembro del partido Indian National Congress, con una potencial futura y brillante carrera de líder político ante sí, cuando, inesperadamente, las circunstancias la empujan a reflexionar sobre el papel del partido en la vida cotidiana de las personas. En 1977, durante una grave emergencia debida a las inundaciones, muy parecida a la de noviembre de 2015, Jaya Arunachalam participa en las misiones de ayuda y de distribución de material de primera necesidad a las personas afectadas por las fuertes inundaciones: personas, en su mayor parte mujeres, que parecía que esperaban las calamidades naturales para recibir ayuda. Mujeres marginadas, privadas de protección social, incapaces de entrar en el sistema dictado por la sociedad hindú de aquel tiempo. Decide pues dejar la política y dedicarse completamente al difícil y obstinado camino de la emancipación femenina, desafiando la antigua cultura hindú y la ley Hindu, según la cual una mujer no es independiente sino que siempre debe estar protegida por el padre, marido o hermano. Además, la difusión de prácticas como la dote, el infanticidio o el abandono de las viudas consolidan la subordinación de las mujeres a los hombres, creando en la sociedad ciudadanas de segunda clase.

Inspirada por el modelo de microcrédito del Grameen Bank de Muhammad Yunus, , fue una de las primeras mujeres en combinar  un modelo de desarrollo económico con programas de nutrición, salud y conocimiento de las leyes que regulan el trabajo y los derechos humanos. Según Jaya Arunachalam, el préstamo, por sí solo, no habría cambiado significativamente la vida de las mujeres sin una formación en nociones financieras básicas (préstamo, inversión, intereses), sin el reconocimiento y la tutela de todos aquellos trabajos considerados hasta ese momento “informales”, sin una fuerte movilización contra el trabajo de los menores, la prostitución, violencia doméstica, feticidio e infanticidio femenino.

Un proyecto ambicioso que necesitaba un capital inicial. Jaya Arunachalam envió a varios bancos la propuesta para crear un fondo de solidaridad para conceder préstamos a mujeres pobres. Su idea fue rechazada porque los bancos no confiaban en la capacidad de las mujeres para devolver el préstamo. Este primer obstáculo no desanimó a Jaya, al contrario, porque poco después inauguró, junto al WWF, la Working Women’s Co-operative Society que en 1981 se registra como Indian Co-operative Network for Women. Nace así un sistema bancario capaz de responder a las exigencias de mujeres pobres empleadas en el sector informal, que promueve su independencia social y financiera a través del desarrollo de la micro/pequeña empresa, préstamos a bajo interés, empleo y servicios económicos.

Una revolución simplemente extraordinaria, que ha permitido el inicio del proceso de regulación de los trabajos informales. A través de la National Union of Working Women (NUWW), trabajos como la producción de bidis, varillas de incienso o el bordado ahora están formalmente reconocidos y por tanto sus sueldos reglamentados: por ejemplo, si en el pasado una mujer recibía 2 rupias (0,02 cent de euro) cada 1000 cigarrillos, hoy recibe 24 (30 cent de euro). Un día de trabajo en el campo rendía antes 4 rupias (0,05 cent de euro), mientras que ahora vale 40 (0,53 cent de euro). Además, la NUWW ha puesto en marcha sistemas de seguridad social para tutelar la fuerza de trabajo no organizada de unas 600.000 mujeres y ha ideado micro coberturas aseguradoras a favor de las trabajadoras en caso de enfermedad, accidentes o muerte.

Un movimiento femenino que ha unido mujeres de castas, religión y etnias diversas, promoviendo la cohesión entre los pobres de los diferentes grupos divergentes sobre una plataforma social de una causa común. Un grupo inicial de 800 se ha transformado hoy en una red de 5 millones de mujeres. Una red fuerte, hecha de mujeres capaces de planificar cuántos hijos quieren tener, de ganar y gestionar el dinero para su familia y también de movilizarse en marchas y encuentros públicos para pedir y obtener el reconocimiento de derechos políticos. El programa puesto en marcha por el WWF ha otorgado en seguida un mayor poder económico a la mujer que con el tiempo se ha traducido en una mayor implicación política: muchas de las mujeres del WWF son hoy miembros del Panchayat (3).

Tantos resultados obtenidos, tantas batallas ganadas, tantas dificultades superadas. El trabajo del WWF y la personalidad de Jaya Arunachalam han sido reconocidos incluso a nivel nacional e internacional. Muchos presidentes, primeros ministros, estudiosos han visitado el WWF y visto su trabajo de cerca. Desde China a Italia, Jaya Arunachalam se ha hecho embajadora de los problemas de las mujeres hindúes en conferencias de las mayores organizaciones internacionales. Pero cuando le preguntamos por algún momento que recuerde en particular, no nos habla ni de sus viajes ni de Hillary Clinton, una de sus visitantes más ilustres. Recuerda, sin embargo, la solidaridad y la participación de las mujeres del fórum el día de la muerte de su marido: las primeras en llegar y estar presentes. Un momento de comunión profunda. Esto es lo que nos cuenta. Las mujeres del WWF, siempre y antes que nada. Quizás sea gracias a esta magnífica sensibilidad que ha conseguido montar una red tan fuerte y longeva, que no habría sido posible sin el extenuante trabajo de todas sus colaboradoras. Quizás sea por esta extraordinaria sensibilidad que hemos sido acogidos a la par de jefes de estado, casi como Hillary y Bill Clinton. Ninguna diferencia, sólo acogida y compartición. Dejamos el WWF tras una riquísima comida, cargados de libros, entusiasmo y energía

La tarea del WWF continúa. La creciente urbanización, la presión demográfica, el cambio climático, los desastres naturales, una cultura patriarcal contribuyen a tener siempre altos los ritmos de trabajo de Jaya y su equipo. Justo como hemos visto con nuestros ojos estos días de lluvia incesante. Todo puede parecer como cuanto todo empezó: inundación y ayuda, pero no es así. Cuando las operadoras del WWF visitan las zonas interesadas por las inundaciones no encuentran grupos de mujeres esperando paquetes humanitarios sino mujeres que ya tienen un plan para resolver el enésimo desafío, dispuestas a recomenzar, como siempre, con sus propias fuerzas.

 

(1)Industria cinematográfica de Tamil Nadu, con sede en Kodambakkam, contrapuesta a Bollywood.

(2)Los Dalit son considerados por las castas superiores que están fuera del Varna, o sea el sistema que propone la división del pueblo hindú en cuatro castas. Por este motivo, los Dalit son destinados a trabajos humildes, como limpieza de las calles, la matanza, limpieza de letrinas y alcantarillas. Estas actividades han sido consideradas contaminantes para el individuo y esta contaminación es contagiosa. De aquí el adjetivo intocables. En el pasado, estaba prohibida a los Dalit la plena participación en la vida social hindú. Eran físicamente separados de la comunidad y las otras castas evitaban cualquier contacto con los Dalit. En 1950, la Constitución declara ilegal el sistema de castas. Se suceden una serie de reformas e iniciativas dirigidas a nivelar las disparidades entre castas, promoviendo instrucción, trabajo y salud. Ha sido notable la mejoría en las condiciones de vida pero retales culturales, tradiciones y supersticiones son difíciles de extirpar, sobre todo en las áreas más desfavorecidas.

(3)Literalmente “comité de los 5” es la unidad de autogobierno local

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